Los libros Apócrifos de la Biblia Católica.


   Hasta el año de 1546 los libros apócrifos noi fueron tenidos como inspirados ni como parte de las Sagradas Escrituras. En el Concilio Tridentino, en la sesión 49, se decretó que once de los dieciséis libros apócrifos fuesen tenidos como canónicos y que se reci9biesen y venerasen todos lo libros del Antiguo y del Nuevo Testamento. Para que nadie pudiese dudar de cuales eran dichos libros, se unió al decreto el índice de los libros escrituario-cançonicos hallados en la versión latina llamada Vulgata y este índice contenía los libros apócrifos.

   Los evangélicos contestamos que se deben rechazar tales libros apócrifos por las siguientes razones:

  1. El mismo nombre nos indica de la calidad de los libros. Apócrifo quiere decir oculto, de autoridad desconocida, espurio.
  2. Estos libros no fueron, en su mayoría, escritos en hebreo originalmente (como ocurre con el resto de los del Antiguo Testamneto) sino en griego, durante los 400 años que transcurrieron entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. No fueron tenidos como genuinos por los judíos a quienes fue confiada la Palabra de Dios (Rom. 3:2). No fueron admitidos en sus escrituras ni formaron parte de la regla de fe. Tampoco el Tálmud los incluye en los libros del Antiguo Testamento.
  3. La evidencia interna y externa de los mismos está igualmente en contra de la creencia de su inspiración divina. Véase 2 Macabeos 15:38,39, donde el escritos pide perdón por si se hubiera equivocado en su relato.
  4. El historiador judío Josefo, parece rechazarlos todos y no los incluye en su lista de los Libros del Antiguo Testamento.
  5. Nuestro Señor Jesús y sus apóstoles nunca citarón alguno de los libros apócrifos. Sin embargo, citan a casi todos los demás libros del Antiguo Testamento.
  6. Los miembros de la iglesia primitiva tuvieron varias opiniones acerca de ellos, pero los reconocieron unicamente como literatura sagrada, nunca como inspirados.
  7. El testimonio de los siguientes padres de la Iglesia prueba que casi unánimemente eran rechazados.
    • Melitón (170) los separa de los escritos inspirados del Antiguo Testamento.
    • Orígenes (200) no los incluye en su catálogo, con la excepción de la historia de Susana.
    • Anastasio (350) rechaza todos menos el libro de Baruch.
    • Epifanio (358) no acepta ninguno.
    • Gregorio Nacianceno (380) tampoco acepta ninguno.
    • San Jerónimo (400) los rechaza. Los anexó a los libros canónicos en la Vulgata diciendo: "La Iglesia los lee como historias que proporcionan ejemplos para la vida e instrucción en modales".
    • El papa Gregorio el Grande (590) rechazó los libros de los Macabeos.
  8. San Jerónimo (400) afirma que los libros del Antiguo Testamento coinciden con las 22 letras del alfabeto hebreo, coincidiendo las cinco letras dobles con los cinco libros dobles. De esta manera excluye los libros apócrifos.
  9. Aún ahora, los teólogos más críticos de la misma Iglesia CAtólico Romana no reconocen los libros apócrifos como de igual valor a los libros canónicos y los llaman deuterocanónicos.

   CONCLUSIÓN.

   La acusación que a menudo surge de la Iglesia católico Romana de que los evangélicos no tenemos más que una Biblia truncada (pues no contempla los libros apócrifos), tiene una sencilla respuesta. Los evangélicos seguimos el ejemplo de los judíos, de nuestro Señor Jesucristo, de sus apóstoles, y el de los padres de la iglesia cristiana que por quince siglos los rechazaron.

   Como nunca estuvieron en la Biblia, ésta está completa sin ellos.


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