Nuestra Biblia española.

   Winston Churchill, gran estadista y notable escritor y periodista, escribió en "Pensamientos y aventuras": 'Una tribu nómada (Israel)... proclamó una idea de la que no fueron capaces todo el genio de Grecia y todo el poderío de Roma: la de la existencia de un solo Dios que castigaría en otro mundo al malvado, por rico y próspero que muriera; un Dios de cuya ayuda dependía el bien del humilde, del pobre, del débil... Podemos estar seguros de que todas esas cosas acontecieron tal como se refieren en las Sagradas Escrituras. Creemos que les sucedieron a gentes que no diferían mucho de nosotros y que sus impresiones fueron fielmente conservadas y han sido transmitidas a través de los siglos, con mayor exactitud que muchos de los relatos telegráficos que leemos acerca de los sucesos contemporáneos. Según las palabras de Mr. Gladstone, descansamos seguros sobre "la roca inexpugnable de la Biblia"'.

   Hacedor y Mantenedor de cuanto existe, Dios nos habló "muchas veces y de muchas maneras". Así, desde el Génesis que nos revela el origen de todas las cosas hasta el Apocalipsis que nos descubre el fin, a lo largo de muchos siglos huno hombres que hablaron y escribieron de parte de Dios. Sus obras, fielmente transmitidas hasta hoy, forman esa biblioteca divina que llamamos la Biblia. Consta de dos partes: un Antiguo Pacto, hecho con el pueblo de Israel, y un Nuevo Pacto o Testamento sellado con la sangre de Jesús, cuya muerte y resurrección constituye el punto central de la Revelación escrita.

   El Antiguo Testamento hebreo.

   Es la parte más antigua de la Biblia. Consta de 39 libros, que nos han sido cuidadosamente conservados por el pueblo de Israel, guardián de aquella primera revelación escrita (Romanos 3:1,2). El Antiguo Testamento fue compuesto a lo largo de nueve siglos por una gran variedad de autores humanos, movidos por el Espíritu de Dios. Está redactado en hebreo, salvo unas porciones de Daniel y Esdras, que fueron escritas en otro idioma semítico: el arameo.

   Leemos en Exodo 17:14 que Dios dijo a Moisés: "Escribe esto para memoria en un libro..." Y surge la inevitable pregunta: ¿Se conocía la escritura en aquel entonces? Tanto los descubrimientos arqueológicos de Ugarit (al N. de Fenicia) como las antiquísimas inscripciones de las minas de Sebarit (en el Sinaí), nos revelan la existencia de una escritura alfabética semítica, ya en los siglos XIII al XV antes de Cristo. Más tarde, aparecieron conchas y trozos de alfarería cubiertos con signos alfabéticos hebreos en las ruinas de las ciudades de Gezer, Bet-Semés y Laquis. Y seis renglones grabados en el túnel del estanque de Siloé, durante el reinado de Ezequías (Siglo VIII a. de Cristo. Véase 2 Reyes 20:20).

   Copistas y materiales de escribir.

   En aquellos tiempos, se escribía sobre toda clase de materiales: rocas, tablas de piedras revestidas con yeso, conchas, láminas de metal, arcilla, etc. Así, Job pudo exclamar: "¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas... que con cincel de hierro y con plomo fuesen esculpidas en piedra para siempre!" (Job 19:23,24). Babilonios y egipcios se valieron de arcilla blanda y de una púa para fijar sus apuntes y conocimientos. Más tarde, los pueblos del valle del Nilo escribieron con tinta sobre la corteza seca de una planta acuática: el papiro. Finalmente, muchos pintaron sus pensamientos sobre anchas tiras de piel, cosidas entre sí, y que luego enrollaban (Jeremías 36:32). Todos esos materiales sirvieron para transmitirnos la Palabra de Dios.

   El cargo de escriba o secretario era muy importante en la antigüedad; pues no sólo sabían descifrar la escritura, sino que eran los únicos que dominaban ese complicado arte. Siempre llevaban su escribanía, con sus plumas, tinta y cuchilla para cortar plumas y raspar errores (Ezequiel 9:2,3; Jeremías 36:23). Entre los judíos, la principal tarea del escriba consistía en copiar cuidadosamente "la ley de Moisés, los Profetas y los Salmos".

   La transmisión del texto bíblico.

   Debido a su constante uso, a la fragilidad de muchos de los materiales utilizados y también a las persecuciones posteriores, no se han conservado los manuscritos autógrafos ni del Antiguo, ni del Nuevo Testamento. En cambio, por lo que atañe al primero, disponemos de más de 1.490 manuscritos que han sido diligentemente cotejados entre sí y con numerosas versiones antiguas. Hasta finales del siglo pasado, la mayoría de ellos databan de los siglos X al XV de nuestra era. Pero en 1896 se descubrieron miles de fragmentos bíblicos en la Geniza (o deposito de libros hechos inservibles por su continuo uso) de la sinagoga del Viejo Cairo. Databan de los siglos VI y VII de nuestra era. Luego, entre los años 1932 al 36, varios papiros con fragmentos de Deuteronomio fueron hallados entre las arenas del desierto egipcio. Eran del siglo III de nuestra era y concordaban fundamentalmente con el "Texto Mosorético" que conocemos. Finalmente, entre los años 1947 y 1953, en unas cuevas cercanas al Mar Muerto ocurrió el más importante hallazgo de manuscritos de los tiempos modernos. No sólo se encontraron numerosos fragmentos de casi todo el A.T., sino dos rollos completos de Isaías y un comentario de Habacuc. Datan todos ellos del siglo IV antes de Cristo al año 130 de nuestra era. ¿Median grandes diferencias entre estos manuscritos y los códices anteriores de que disponíamos? A pesar de las inevitables faltas ortográficas, leves errores de copia y de pequeñísimas variantes, los rollos del Mar Muerto reflejan un texto muy parecido al que ya conocíamos. Es, en su conjunto, un notable testimonio de la fidelidad de los copistas a través de los siglos. Hasta la invención de la imprenta, la Biblia nos fue transmitida con parecidas técnicas.

   Versiones del Antiguo Testamento.

   Tras el cautiverio babilonio y el dominio persa, muchos núcleos de población judía se quedaron asentados fuera de Palestina. Andando el tiempo, tanto ellos como lo que volvieron a la tierra de Israel ya no entendían muy bien la lectura de la Ley y de los Profetas, hecha en hebreo en sus sinagogas. Por lo que surgieron unas explicaciones orales del texto, hechas en arameo. Estas fueron reunidas, más tarde, por escrito y se llaman Targums. Se conocen unos diez, siendo el principal el de Onkelos (año 60 a.C.).

   La primera y más antigua traducción de todo el A.T. apareció en círculos judíos de Alejandría (Egipto) entre los años 260 al 150 a.C.. Fue vertida al griego por muy diversos traductores y se conoce bajo el nombre de Septuaginta o versión de los Setenta (LXX). Dicho nombre se debe a una leyenda según la cual 72 traductores (6 por cada tribu de Israel) hubieran dado cima a ese trabajo. El valor de la Septuaginta radica en el hecho de que será ampliamente utilizada por la iglesia cristiana primitiva. De cada siete citas del A.T. que encontramos en el Nuevo, seis son tomadas literalmente de la versión de los LXX. Sirvió de base a la predicación apostólica, a la extensión del Evangelio y a la controversia con los judíos en todo el mundo helenístico. Asimismo, su texto fue utilizado para las demás versiones antiguas del Viejo Testamento: Vetus latina, Peshita, copta, etíope, armena, gótica, etc.

   El Nuevo Testamento griego.

   Está compuesto por 27 escritos, de desigual tamaño, redactados en el griego de hace 20 siglos: Evangelios, Hechos de los Apóstoles, Cartas a los Enviados del Mesías y Revelación de Juan. Fueron escritos para afianzar a los cristianos de la primera y segunda generación: "para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre". (Juan 20:30,31; Lucas 1:1-4). Y para exhortarles, asimismo, ante cualquier desvío ético o doctrinal.

   Las enseñanzas orales de Jesús de Nazaret fueron reunidas y copiadas en fecha muy temprana. Lo afirma Papías de Hierápolis, posible discípulo del Apóstol Juan: "Mateo compiló la Logia (=los dichos del Señor) en lengua hebrea (=aramea), y cada cual la tradujo (al griego) lo mejor que pudo". La fecha de composición de los tres primero evangelios puede fijarse, según Harnack, entre los años 60 al 70. La de los demás escritos del N.T., entre los años 50 al 95 aproximadamente.

   En la actualidad, disponemos de más de 4.685 manuscritos griegos -totales o parciales del N.T.-. Algunos de ellos, escritos sobre papiro, son muy antiguos: datan de los siglos II y III; y un fragmento del Evangelio según Juan es incluso anterior al año 125. Los más importantes de todos se sitúan alrededor del año 350. Son el códice Sinaítico, descubierto por el sabio alemán von Tischendorf en un convento del Sinaí (¡y rescatado antes de que los monjes fuesen a encender el horno con sus hijas de pergamino!), y el códice Vaticano, conservado en Roma.

   A título de comparación, los manuscritos más antiguos de los autores clásicos greco-romanos (Homero, Platón o Juvenal) no son anteriores al siglo IX de nuestra era y se conservan en muy pocos ejemplares.

   Extensión del Mensaje / Nuevas versiones bíblicas.

   Desde el primer siglo, los discípulos de Jesús van extendiendo la Palabra del Señor por todo el imperio romano: Judea, Samaria, Damasco, Antioquía, Chipre, Galacia, Asia proconsular, Macedonia, Acaya, Roma, Egipto... No sólo se esparce la Buena Noticia de salvación de boca en boca, sino por medio de las Sagradas Escrituras. Así, en la carta fraternal que envía Clemente de Roma "a la iglesia de Dios que está en Corinto" (año 93), cita ya pasajes de los Evangelios, Romanos, 1 y 2 de Corintios, Filipenses, Hebreos, Tito, Efesios y 1 Pedro. E Ignacio de Antioquía (martirizado en el año 115) menciona en sus cartas los evangelios según Mateo y Juan y nueve epístolas paulinas entre las que figuran 1 y 2 de Timoteo. Del mismo proceden esas palabras significativas: "Poned, pues, todo vuestro empeño en afianzaros en las enseñanzas del Señor y de los apóstoles" (Magn. XIII, 1).

   En el siglo IV, Crisóstomo escribía que el Evangelio según Juan ya había sido traducido en cinco idiomas; siriaco, egipcio, hindú y etíope (además del latín). Pero es evidente que se quedó bastante corto. En efecto, tanto la versión siriaca como la latina del N. de Africa debieron ser hechas ya en el s. II. Entre los años 200 y 300 aparecieron las versiones latinas de Italia y la copta-sahídica de Egipto, siendo traslados de toda la Biblia. Hacia 406, Jerónimo publicó su versión latina, la Vulgata (de la que hablaremos más adelante); y en el mismo siglo aparecieron la versión cóptica-fayúnica, del Alto-Egipcio y la gótica del obispo Ulfilas. Luego, en el s. V, otra versión siriaca, la etiópica y la armenia; esta última vertida por Mesrob, autor asimismo de la versión georgiana.

   Por aquella época, partes de la Biblia han sido ya traducidas a casi todos los idiomas europeos. Casi siempre, se trata en primer lugar del Salterio y de las lecciones de los evangelios y de las epístolas que se leen durante el culto. Más tarde vendrán las traducciones de todo el Nuevo Testamento, y finalmente del Antiguo.

   Papel de la Vulgata.

   Desde mediado del s. II, aparecen las primeras versiones parciales al latín de los pasajes bíblicos griegos que suelen leerse en las asambleas cristianas. Reunidas y copiadas en libros, esas porciones traducidas irán formando las diferentes versiones latinas llevadas a cabo en Occidente, antes de la Vulgata. Se dan a las mismas el nombre colectivo de Vetus Latina; distinguiendo entre la Itala, la Africana e incluso la Hispana. Son traslados muy literales que se adhieren tenazmente al texto griego y que resultan -a menudo- más exactos que la propia Vulgata.

   Debido precisamente a esa gran confusión que existía entre las versiones latinas, Jerónimo (monje oriundo de Dalmacia y afincado en Belén) acometió entre los años 390 al 406 una revisión fundamental de la Vetus Latina, corrigiendo el N.T. y volviendo a traducir el Antiguo según el original hebreo. Ese traslado que quiso ser popular, resulta ser a veces demasiado servil y muchas veces demasiado libre, y tardó varios siglos en ser aceptado por toda la cristiandad occidental.

   Copiada y corregida a menudo a través de la Edad Media, la Vulgata servirá de base a todas las versiones cristianas de Europa occidental, anteriores a la Reforma.

   Versiones medievales.

   Hecho tal vez sintomático, las primeras noticias que se tienen en España acerca de las Biblias en romance, son relativas a su prohibición. Eran versiones utilizadas por los valdenses catalanes, cuya presencia está señalada a fines del siglo XII en diversos puntos del Reino de Aragón. En 1233, Jaime I el Conquistador mandó celebrar una Junta eclesiástica en Tarragona, cuyo canon 2 estipula textualmente: ..."que nadie posea los libros del Antiguo y Nuevo Testamento en romance. Si alguno los tuviese, que los entregue dentro de ocho días al obispo de su lugar para que sean quemados..." Dicha junta reflejaba el sentir del Concilio de Toulouse (1229), cuyos cánones no sólo prohibían a los legos "tener los libros del A. y del N. Testamento" (c.14), sino que mandaba "destruir por completo sus casas y refugios, persiguiéndoles hasta en los bosques y castigando severamente a todo aquel que les diera asilo" (c. 3 al 6).

Desde el s. XIII al XVI, fuera de la religión oficial, hubo grupos de cristianos que querían guiarse únicamente por las Sagradas Escrituras; no sólo en Cataluña, sino en el Reino de Valencia, en Palencia y León, en Vizcaya y en diversos puntos de la Alcarria.

Resumiendo mucho, y por lo que a España se refiere, desde la primera muestra de nuestra prosa bíblica (hacia el 1210) hasta la prohibición definitiva de leer la Palabra de Dios en romance (en 1559), hemos contado unas 44 versiones totales o parciales de la misma. Señalaremos unas cuantas:

  • Salterio de Hermann, el Alemán (hacia 1240). Versión directa de 69 de los Salmos de David, "segun cuemo está en el ebraygo".
  • Salterio, trasladado en catalán por Fray Romeu Sa Bruguera (1250).
  • Biblia castellana pre-alfonsina (1250-60). Por el cotejo de varios manuscritos escurialenses, resulta patente la existencia de una versión castellana de toda la Biblia, hecha sobre la Vulgata, y anterior al traslado que mandó hacer Alfonso X el Sabio. He aquí una breve muestra:
    • "Pues ¿qué diremos? ¿Estaremos en pecado por que abonde la gracia? ¡No mande Dios! Los que muriemos por el pecado ¿cueno vivimos aun en el? ¿O non sabedes que los que bateamos somos en Ihesu Christo, en la muerte del somos bateados? Ca soterrados somos en la su muert por el baptismo" (Romanos 6:1-4).
  • "Gran e General Estoria" (1280). Versión parafraseada de la Vulgata, llevada a cabo por orden del rey Alfonso X, e impropiamente llamada "Biblia Alfonsina". Utilizó el texto del anterior traslado.
  • Biblia catalana (1290), encargada por Alfonso II de Aragón al jurista hebreo Jaume de Montjuich. Los 4 Evangelios del llamado "Códex del Palau" (publicados en 1910 por J. Gudiol) pertenecen a dicha versión.

   En los siglos XIV y XV, siguen apareciendo por nuestra Península numerosos traslados del A.T. o de toda la Biblia, hechos del hebreo o del latín por traductores anónimos. De dicha época, quedan, por lo menos, cuatro versiones del A.T. hechas por judíos (y, a veces, retocadas posteriormente por cristianos) en la biblioteca de El Escorial. Casi todas siguen inéditas. Otra traducción inédita es la del:

  • A.T. De Evora (1425). Sólo contiene, en su estado actual, una tercera parte del Antiguo Pacto hebreo: los libros poéticos copiados en castellano por un tal Manuel de Sevilla.
  • Biblia de Guzmán, o de Alba (1430). Encargada por Luis de Guzmán, gran maestre de la orden de Calatrava al rabino Moisés Arragel, de Maqueda (Toledo) y cuidadosamente revisada por el franciscano Arias de Encinas. Pertenece actualmente a la Casa de Alba, que la mandó publicar en 1922.
  • Biblia valenciana (de principios del s. XV). "...arromançada de lengua latina en la nostra valenciana, per lo molt reverent Micer Bonifaci Ferrer". Revisada por el inquisidor Jaume Borrell, fue impresa en Valencia en 1478. El Salterio, los Evangelios y las Epístolas fueron reeditadas en 1515. Dicha versión fue tan perseguida que, hoy día, sólo existe una hoja de la misma, celosamente conservada en la "Hispanic Society" de Nueva York.
  • Del mismo s. XV cabe aún señalar 4 Biblias catalanas completas, un A.T. (copiado en 1465 por un tal March) y tres Salterios. Figura entre éstos el que tradujo en valenciano Joan Roiç de Corella (1490).

   El primer libro bíblico impreso en castellano es -al parecer- "Los Evangelios y Epístolas de los domingos y fiestas solemnes", vertidos por Gonzalo de Sta. María (Zaragoza: 1485, o quizás: 1495), Según otros, sería el "Pentateuco español" aljamiado, impreso en Híjar por Elieser Alantansi (1490).

  • El A.T. de Ferrara (1553), es un traslado castellano servilmente literal, y de rancio sabor arcaico, hecho en una de las 240 aljamas de Castilla y Aragón, durante los siglos XII ó XIV, y publicado luego en Italia por sefardíes desterrados. Se reeditó varias veces en Holanda, a lo largo del s. XVII. He aquí una muestra de Isaías 53:4,5:
    • "De cierto nuestras enfermedades él las llevó y nuestros dolores los soportó: y nos lo estimamos llagado, ferido del dio y afligido. Y él adoloriado por nuestros rebellos, majado por nuestros delitos: castigo de nuestra paz sobre él y por su tolodro fue melezinado a nos".

    Las Biblias del Renacimiento y de la Reforma.

   Con la toma de Constantinopla por los turcos (1453), los sabios bizantinos huyen a Occidente, llevándose muchos manuscritos griegos de la Antigüedad clásica y bíblica. El estudio de los primeros dará paso al "Renacimiento"; el de los segundos provocará un retorno a las fuentes de la Revelación escrita y un despertar religioso que desembocará en la Reforma.

   Coincidiendo con esos hechos, hacia 1455 Gutemberg publica el primer libro que se haya impreso con caracteres móviles: la Biblia latina de 42 renglones.

   Erasmo fue uno de los precursores de la Reforma, por cuanto sus escritos fomentaron la lectura y meditación de la Biblia en lengua vulgar. Su edición del N.T. griego, publicado en Basílea en 1516, estimuló el estudio de los textos originales bíblicos y fomentó nuevas traducciones de los mismos. En España, Erasmo tuvo al principio gran influencia. Varios de sus discípulos tomaron parte en la publicación de la Biblia Políglota de Alcalá de Henares, patrocinada por el cardenal Cisneros. Impresa de 1514 a 1517, sólo pudo aparecer en público 8 años más tarde cuando Roma lo permitió. Sus seis tomos reproducen el hebreo, el griego de los LXX (con versión latina interlineal), el latín de la Vulgata y el caldeo o arameo.

Más tarde, Benito Arias Montano (ayudado por dos biblistas belgas) publicará la Políglota de Amberes (1569-1572), edición que supera la anterior en el aparato crítico y en la edición de textos caldeos y siriacos.

   Debido al continuo cotejo de nuevos manuscritos griegos que van apareciendo, las sucesivas ediciones del texto del N.T. son cada vez más exactas. Entre ellas, cabe destacar las del tipógrafo calvinista francés Robert Estienne (Stephanus). Entre 1546 y 1551, publicó cuatro ediciones, valiéndose de los textos de Erasmo y de la Complutense, cotejados con otros 15 manuscritos griegos. En la 4 edición, publicada en Ginebra, introdujo la división del texto en versículos. Como se sabe, nuestra actual división en capítulos se debe fundamentalmente al docto Arzobispo de Canterbury, Esteban Langton (hacia 1240). Destacan, entre las demás ediciones del N.T. griego, las de Teodoro de Beza (cinco, de 1565 a 1604) y las de los hermanos Elzevier, impresores flamencos emigrados a Holanda a causa de su fe evangélica. Su 2 edición (Leyden: 1633) recibió el nombre de "texto recepto" y sirvió de base a centenares de versiones, llevadas a cabo hasta principios del presente siglo.

   Entre los principales traslados castellanos del s. XVI, cabe destacar los de:

  • Juan de Valdés. Erasmista conquense, huido de la Inquisición y refugiado en la corte de Nápoles. Allí tradujo de los originales: Mateo, Lucas, las Epístolas paulinas menos Hebreos y los Salmos (1531-41). Acompañó dichas versiones de notables comentarios. Su estilo, en pureza, sólo es comparable al de Cervantes:
    • "Advertid que no hagáis vuestra limosna en presencia de los hombres, por ser visto de ellos; y si no, no tendréis galardón acerca de vuestro padre, el que está en los cielos. Por tanto, cuando harás limosna, no tengas la trompeta delante de ti como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para ser glorificados de los hombres."
  • N.T. por Francisco de Encinas (1543). Joven estudiante burgalés que abrazó la Reforma en Flandes. Publicó en Amberes la primera versión completa del N.T. castellano, hecha sobre el original; lo que le valió ser encarcelado. Pudo huir a Alemania, refugiándose en casa de Melanchtón donde prosiguió sus traducciones. Cuando le sorprendió la muerte en Estrasburgo (en1552), tenía en preparación una edición de la Biblia, que nunca fue sacada a la luz. La portada del N.T. llevaba la siguiente leyenda:
    • Habla Dios: "No se aparte el libro de esta ley de tu boca. Antes con atento ánimo, estudiarás en él de día y de noche: para que guardes y hagas conforme a todo aquello que está en él escrito. Porque entonces harás próspero tu camino, y te gobernarás con prudencia - Josué I."
  • Antiguo Rector del Colegio de la Doctrina de Sevilla, y refugiado en Ginebra, el Doctor Juan Pérez de Pineda editó allí un Nuevo Testamento "nueva y fielmente traducido del original griego en romance castellano". Al año siguiente, dio a luz una versión directa de los Salmos, de la que entresacamos el siguiente pasaje: "No te envuelvas con los malos, ni tengas envidia de los que obran maldad. Porque de improviso serán cortados como heno, y como hierba verde se secarán. Obedece tú al Señor con paciencia y espera en Él; porque los malos serán destruidos, mas los que esperan en el Señor heredarán la tierra" (Salmo 37).

   De él, dijo Menéndez y Pelayo: "Juan Péres es prosista sabio y vigoroso, de la escuela de Juan de Valdés. La traducción es hermosa como lengua: ni muy libre, ni muy rastrera, sin afecciones de hebraísmos, ni locuciones exóticas.

  • Biblia del Oso. Perseguido por la Inquisición, huyendo de ciudad en ciudad, tras nueve años de ímprobos trabajos, Casiodoro de Reina (ex-jerónimo de San Isidro en Sevilla) logra imprimir en Basílea (1569) su clásica versión de las Sagradas Escrituras. Se trata de la primera traducción castellana completa de la Biblia, hecha sobre los textos originales, y constituye un notable monumento de nuestra lengua. Marca del tipógrafo Tomás Guarin, en la portada figura un oso empinado, que chupa un panal de miel silvestre. Debajo está impreso, en letras hebreas y castellanas, este pasaje de Isaías 40: "La Palabra del Dios nuestro permanece para siempre".

   A pesar de la rigurosísima censura de libros, se sabe que varios centenares de "Biblias del Oso" penetraron en nuestra Península entre 1570 y 1630.

   Cuidadosamente revisada por Cirpiano de Valera, en 1602 apareció en Amsterdam, la 2 edición de la "Biblia del Oso", bajo el título de: "La Biblia, que es, los sacros libros del Viejo y Nuevo Testamento. Revista y conferida con los textos hebreos y griegos y con diversas traducciones".

   En su "Exhortación al cristiano lector", dice Cipriano de Valera:

  • "Nuestro buen Dios y Padre, que tanto desea y procura nuestra salvación, y que ninguno de nosotros se pierda por ignorancia, sino que todos vengamos al conocimiento de la verdad, y que así seamos salvos, nos manda muy expresamente, y no en un lugar, sino en muy muchos, que leamos la sagrada Escritura, que la meditemos, escudriñemos y rumiemos..."

   Hoy en día, la "Reina-Valera" sigue siendo la versión bíblica de mayor circulación en todo el mundo hispánico.

   La gran noche bíblica (siglos XVI al XVIII).

   Ya al finalizar la Edad Media, la lectura de la Palabra de Dios en lengua vernácula tenía sus firmes partidarios y sus no menos decididos adversarios. Entre éstos, figuraba Alfonso de Castro -monje zamorano- quien, en su "Tratado de las Herejías" (París: 1534) escribía lo siguiente: "Es muy de loar el edicto de los ilustrísimos y católicos reyes de España, en virtud del cual prohibieron bajo penas gravísimas el que nadie tradujese los Libros sagrados a la lengua vulgar; o que retuviese consigo los traducidos por otro, en la forma que fuese..."

   Tras esa prohibición, se registraron numerosas quemas públicas de Biblias, como las de Valencia (1488), de Sevilla (1490) y de Salamanca (25 de septiembre de 1492).

   Más tarde, en el Indice de libros prohibidos de Paulo IV y en el español del inquisidor Valdés (ambos de 1559), está explícita la interdicción de leer la Palabra de Dios en el idioma vulgar o en otro cualquiera, "como no esté en hebraico, caldeo, griego o latín". Veto que será renovado y confirmado por el Concilio de Trento.

   Con ello se abre, para todos los pueblos católico-romanos (y en particular para los dominios de la monarquía española) una larga noche bíblica que, en nuestra Península, durará más de 223 años.

   Es cierto que -durante los siglos XVI y XVII- sobre un total de 4.174 obras de teología producidas en España, 663 de ellas corresponden a traducciones, comentarios u otros temas bíblicos. Pero en su mayoría, en su inmensa mayoría, son obras técnicas, de reducido interés, escritas en latín y que no llegaron al pueblo. Otras son obras de vanagloria literaria, como las "Lágrimas de Hieremías castellanas", versión de las Lamentaciones que hizo Quevedo, para demostrar que sabía el hebreo. Las pocas versiones y comentarios en castellano y de auténtica unción evangélica (que los hubo por: Juan de Robles, Diego de Estella, Jerónimo de Campos, etc.) no se pudieron publicar, por peligrar la libertad -o incluso la vida- de sus autores.

   Fuera de España, sólo cabe señalar (entre los años 1611 y 1762) ocho reediciones del Antiguo Testamento de Ferrara; algunas de ellas retocadas, que fueron publicadas por sefardíes refugiados en la república calvinista de Holanda.

   En cuanto a la "Reina-Valera", el N.T. volvió a publicarse en 1625 en Amsterdam, tanto para atender a las necesidades de los evangélicos españoles en el exilio, como para introducirlo clandestinamente en la Madre Patria. Un siglo más tarde, Antonio de Alvarado cuidará de una nueva edición del mismo (Londres: 1715). NO volverá a imprimirse hasta nuestra Guerra de Independencia.

   Nuevos tiempos (1783-1868).

   Modificada la IV Regla del Concilio de Trento que decía: "Notando por experiencia que si los Sagrados Libros se permiten leer a todos en lengua vulgar sin diferencia alguna, por temeridad de los hombres se sigue de ahí más daño que provecho...", la congregación del Indice permitió (en julio de 1757) a todos los católicos la lectura de la Palabra de Dios en lengua vulgar, "con tal que sus versiones estén aprobadas por la Silla Apostólica, o se den con notas sacadas de los Santos Padres".

   Pero aún tuvimos que esperar un cuarto de siglo hasta que dicha ley fuese válida por tierras de Castilla y Aragón. "Aunque en otros reinos hace tiempo que corren las traducciones vulgares de la Biblia" (escribe Anselmo Petite) "en nuestra España no era lícito leerlas sin especial licencia, hasta el decreto de la Santa Inquisición de 7 de enero de 1783".

   Ese loable cambio de actitud provocó una auténtica "avalancha" de versiones bíblicas, que testifican de una verdadera hambre espiritual, a nivel nacional. Así, entre 1784 y el principio de nuestra Guerra de Independencia, aparecieron sucesivamente 26 traslados distintos. En su mayoría, son Evangelios, Salmos y Epístolas, traducidos todos del latín y que cuentan con más de 41 ediciones durante ese atormentado cuarto de siglo.

   Entre éstas destacan "Los cuatro Evangelios", vertidos por el piadoso Anselmo Petite (Valladolid: 1785), libro que tuvo luego otras doce ediciones en menos de 60 años, y, de 1791 al 93, la llamada:

  • "Biblia del Scío". Es la primera que se imprimió en castellano en la Península y tuvo gran acogida. Su traductor, Felipe Scío de San Miguel, obispo de Segovia, gozó de la protección real frente a la recia oposición de cierta parte del clero. Publicó esa Biblia el tipógrafo valenciano Tomás de Orga, en una edición bilingüe (latín y español) en 10 tomos gran folio. Adolece evidentemente de los defectos del texto de la Vulgata y Menéndez y Pelayo la motejó de "desdichadísima". Hasta el final de las guerras napoleónicas, la "Biblia de Scío" tuvo otras dos ediciones, más una del N.T. que no pasaron en total de 6.500 ejemplares.

   A partir de 1819, las Sociedades Bíblicas protestantes reprodujeron la versión de Scío (sin notas, y desde 1823, sin los Apócrifos) por decenas de miles. Y eso, a precios asequibles a todos los bolsillos. Entre esas ediciones, señalemos la del Nuevo Testamento "de diez reales" pulcramente impreso en Madrid (1837) y distribuido por Jorge Borrow en plena Guerra Carlista. Por aquellas fechas, otro tanto hacia el irlandés Graydon por todo el litoral mediterráneo, desde Barcelona hasta Cádiz. (Biblia de Scío y 3 edición del Nuevo Testamento catalán de J.M. Prat; ambas impresas por A. Bergnes, en 1837 y 1836 respectivamente).

   Mientras tanto, entre 1823 y 25, Félix Torres-Amat hizo imprimir en Madrid una nueva versión de la Vulgata clementina, valiéndose -por lo visto- de trabajos inéditos del jesuita José M. Petisco. Ha sido justamente tachada, por críticos católicos, de "versión parafrástica". En efecto, tan sólo para el N.T., ¡consta de 10.661 añadiduras que no figuran en el texto original!

   A lo largo del siglo pasado, ambas versiones bíblicas serán sacadas a luz muchas veces en nuestra patria. Generalmente en ediciones voluminosas de 4, 6 ó 10 tomos folio.

   Paralelamente, de 1837 a 1856, las Sociedades Bíblicas divulgarán también el texto (revisado) de Torres-Amat en ediciones de cómo lectura y módico precio. Pero de 1845 en adelante, el texto que se impondrá es el -varias veces retocado- de la "Reina-Valera": revisión del Dr. Lucena (1862) y de A. de Mora y H.B. Pratt (1865).

   Anhelos de una nueva versión evangélica (1841-1936).

   En su anhelo de disponer de un texto bíblico siempre más exacto y en un español moderno, los escriturianos evangélicos van publicando nuevos traslados bíblicos. Los mencionaremos brevemente a continuación:

  • 1841-1880: Nuevo Testamento, con extensas notas filológicas y exegéticas. Traducido del texto griego de Griesbach por el Dr. Guillermo H. Rule, misionero metodista en Andalucía. Imprímense los Evangelios en 1841, en Gibraltar; Hechos-Apocalipsis en 1877-80, en Londres.
  • 1858: "Las Escrituras del Nuevo Pacto". Traslación muy literal del Nuevo Testamento por Guillermo Norton, ayudado por Juan Calderón y (probablemente) el Dr. Lucena. La 2 edición vio la luz en Barcelona en 1871 (10.000 ejs.).
  • 1863: Isaías, traducido según el texto hebreo de Van der Hoogt, por el prócer evangélico D. Luis de Usoz y Río. Esta versión fue incluida en la "Biblia Popular" (editada por Lawrence, en Barcelona, 1882) en lugar de Isaías de la "Reina-Valera".
  • 1876-93: Versión Moderna. Por encargo de la Sociedad Bíblica Americana, el misionero presbiteriano H.B. Pratt (ayudado por A. de Mora y otros colaboradores) da cima a la 2 versión evangélica de toda la Biblia. (Bucaramanga -Colombia- y Nueva York). La 2 edición revisada salió en 1929. A pesar de ser una traducción más clara y generalmente más exacta, no logró imponerse entre los evangélicos de habla hispana. Dice el obispo y biblista argentino Dr. Straubinger que "merece ser mencionada por la fidelidad con que traduce los originales hebreo y griego".
  • 1885-1900: Nuevo Testamento, versión Federico Fliedner (Mateo-Filemón). Afirma el traductor (que fue ayudado por dos profesores del "Colegio El Porvenir") que: "debe su origen este trabajo al lamentable estado de nuestras actuales ediciones del texto sagrado, que demandan imperiosamente una nueva y esmerada revisión... ya que la traducción de Casiodoro de Reina ha sido bastante alterada". En 1932, un nieto de F. Fliedner terminó la traducción (Hebreos-Apocalipsis), que salió a la luz al año siguiente, con notas polémicas de Fd. Faivre.
  • 1905: Revisión del A.T. Teniendo a la vista el texto hebreo y la "Revised Version" inglesa, J.B. Cabrera y Ciprieno Tornos emprendieron una revisión completa del Antiguo Testamento de la "Reina-Valera". Fue impresa en Madrid.
  • 1909: Revisión idiomática de la "Reina-Valera". Uniformó las anteriores correcciones.
  • 1916: Versión Hispano-Americana. Una de las más importantes del N.T., hecha sobre el texto griego de Nestlé y patrocinada por las Sociedades Bíblicas británica y americana. Es de estilo sencillo y su lenguaje resulta pulcro y moderno. Sigue siendo, hasta hoy, el N.T. de estudio y consulta en medios evangélicos hispanos.
  • 1919: Versión Pablo Besson. Pastor bautista suizo, afincado en Argentina, dio un traslado del N.T. basado sobre un texto original ligeramente distinto del de Wescott, Hort y Nestlé, utilizado por la Hispano-Americana. Así traslada, verbigracia, el principio de Hebreos: "Habiendo hablado antes parcial y diversamente a los padres en los profetas, nos habló Dios en estos postreros días en (un) hijo, a quien instituyó heredero de todo, por el cual hizo también los siglos..."

   Mencionaremos finalmente, la versión de "Jesús de Nazaret - Armonía de los cuatro Evangelios", hecha del francés por F. Albricias e impresa en Lausana, en 1922. Y, por lo que al catalán se refiere, apuntaremos aún la:

  • Versión catalana del N.T. (1929-37), llevada a cabo por los ministros evangélicos Emilio Mora, José Capó y Armengol Felip. Los Evangelios y los Hechos fueron impresos entre 1929 y 31. Los restantes libros, hasta Gálatas, vieron su publicación truncada por la Guerra Civil.

   El despertar bíblico del catolicismo español (1922-80).

   Tras haber sido mezclada y envuelta en las luchas ideológicas y políticas del siglo XIX y de parte del actual, la Iglesia Católico-romana va manifestando lentamente un creciente interés por los estudios bíblicos. Coincide ese despertar con los inicios de la Dictadura de Primo de Rivera. En ese lento desadormecer influyó ciertamente la activa distribución de la Palabra de Dios, llevada a cabo por los 25 "colportores" (esos buhoneros de Dios) de las Sociedades Bíblicas y varios centenares de iglesias evangélicas en España.

   Asimismo, van apareciendo las primeras versiones católicas hechas directamente de los originales: "Los 4 Evangelios" (seguidos más tarde con "Hechos" y "Romanos") por García Hughes (Madrid, 1924). En Cataluña, van saliendo los primeros tomos de la "Biblia de Montserrat" (1926-35) y los de la "Fundació Bíblica Catalana", financiada por el político Francisco Cambó (1928-36); ambas truncadas por la Guerra Civil, pero que pasada la tormenta seguirán publicándose.

   Ese despertar irá afianzándose tras la publicación de la encíclica "Divino Afflante Spiritu" (1943), y sus frutos más inmediatos son las dos versiones patrocinadas por dominicos y jesuitas. Aquéllos se dieron más prisa y 375 años después de la "Biblia del Oso" aparece en Madrid la llamada

  • Biblia "Nácar-Colunga" (1944), primera versión católico-romana, hecha sobre los textos originales. Traslado bastante fiel, más literario que literal, adoleció de defectos inherentes a la precipitación con que fue llevada a cabo, pero que fueron corregidos en sus numerosas ediciones posteriores (cerca de 60 hasta la fecha, más 23 del N.T.). Las notas, en un principio muy escasas y hasta "evangélicas" fueron ampliándose posteriormente.
  • Sagrada Biblia "Bover-Cantera". Versión crítica sobre los textos hebreo y griego, salida tres años después de la anterior e impresa en la misma editorial. Pretendió "servir al lector que busca algo más que una mera lectura corriente de los Sagrados Libros, ayudándole a formarse juicio exacto sobre el texto y sus problemas". Cotejándola con la "Nácar-Colunga", refleja generalmente el original con mayor exactitud y minucia. Las notas (muy abundantes) son más bien de carácter arqueológico y filológico para el A.T. En cambio, las del jesuita Bover (para el N.T.) son exegéticas y tienen, a menudo, un sabor marcadamente "anti-protestante". Sólo tuvo 7 ediciones. Actualmente, reeditan la última en forma de fascículos (1980).

   En Buenos Aires, Mgr. Juan Straubinger mandó imprimir -de 1948 a 1951- otra versión directa suya de toda la Escritura, que no carece de interés.

   Desde la aparición de la "Nácar-Colunga" y de la "Bover-Cantera" a esta parte, hemos asistido a un notable florecimiento de los estudios bíblicos y a la impresión de 41 versiones distintas (totales o parciales) de las Sagradas Escrituras. Gran parte de esas traducciones fueron lanzadas al mercado por motivos comerciales, pero otras se editaron para que la Palabra de Dios llegase al pueblo católico de habla hispana. Muy brevemente, señalaremos algunas a continuación:

  • 1954: el N.T. -A.F.E.B.E. (Segovia). Renovado intento de una versión bíblica popular, que debía editarse en plan cooperativista, pero que se vio malograda.
  • 1961: el Nuevo Testamento, traducido por Felipe de Fuenterrabía (Estella).
  • 1961: Biblia, editada por Muntaner y Simón (Barcelona). Equipo dirigido por Félix Puzo, S.J.
  • 1964: Biblia. ediciones Paulinas. Equipo bajo la dirección de Evaristo Martín Nieto, que recogió parte de los trabajos de la versión A.F.E.B.E.
  • 1967: Biblia de Jerusalén (Bilbao). Sigue las normas de la "Escuela bíblica de Jerusalén", reflejadas en la traducción francesa, cuyas indicaciones y notas reproduce. El texto bíblico castellano se debe a J.A. Ubieta y a un equipo de 11 colaboradores. Han intentado reflejar los originales con fidelidad, corrección y pulcritud. La 2 edición (1975) ha sido revisada y sus notas aumentadas en un tercio.
  • 1968: El N.T. ecuménico (Barcelona, Herder). Por primera vez, una editorial católica da a la luz un traslado bíblico en el que 3 especialistas protestantes y cuatro católicos trabajan en común bajo la dirección del capuchino Serafín de Ausejo. La primera edición, de un millón de ejemplares, fue pagada por la comunidad de Taizé para su distribución gratuita en Hispano-América.
  • 1971: "Amor y Lealtad". Traslado independiente y nada despreciable del N.T. hecho por M. Miguens. editado por el autor en Madrid, pero con imprimatur del arzobispo de Washington.
  • 1972: Biblia Latino-Americana, por un equipo bajo la dirección de Ramón Ricciardi y Bernardo Hurault, sacerdotes chilenos. Pretende "facilitar al pueblo cristiano el acceso a la Palabra de Dios". Va provista de abundantes notas, fotos y comentarios de estilo "tercermundista".
  • 1976: "Nueva Biblia Española". Versión de un grupo de especialistas encabezado y dirigido por Luis Alonso-Schöckel y Luis Mateos. (El N.T. ya apareció en 1966). Pretende aplicar "por primera vez, de modo reflejo y sistemático, los principios formulados por la moderna lingüística y la nueva estilística, o deducidos de su práctica". Quiere ser, ante todo, una traducción para ser leída, "también en voz alta". La 2 edición es de 1977 (Madrid, Cristiandad).

   Señalemos para terminar, la aparición en la primavera de 1978, del Nuevo Testamento de la proyectada "Biblia Interconfesional". Se debe a un nutrido (y anónimo) grupo de especialistas en Sagrada Escritura, católicos y protestantes, y ha sido editado conjuntamente por dos editoriales católico-romanas y por las Sociedades Bíblicas Unidas. Por lo que a le versión en sí se refiere, se trata de una importante contribución de biblistas españoles contemporáneos, que no se puede soslayar ni despreciar. Tiene su equivalente catalán: el "Nou Testament" publicado en junio de 1979, en Barcelona.

   Otras traducciones ibéricas.

   Sólo apuntaremos la aparición de traslados bíblicos en vascuence y gallego, cuyo número va en aumento en estas últimas décadas y que constituyen (como en el caso del catalán) una valiosa contribución a nuestro acervo bíblico ibérico.

   En el habla de Euskadi, no sólo mencionaremos ese monumento de la lengua que es el Itun Berria (N.T.) vertido al lapurdino por el pastor Juan de Leizarraga (La Rochelle, 1571), o los Evangelios, traducidos por el Dr. Oteiza (1838) o por F. de Brunet (1870-80) y editados por las Sociedades Bíblicas. O ambos Testamentos, trasladados por Fr. Raimundo de Olavide (Bilbao, 1958), sino aun el reciente Itun Berria en ese "batua" que quiere unificar los dialectos vascuences (J.L. Olariaga, Bilbao: 1978).

   En gallego, citemos -entre otros varios- "Os Salmos", vertidos por Isaac Alonso en 1966 y "O Novo Testamento", que Avelino Gómez Ledo sacó a luz "do grego" ocho años más tarde. A estas alturas, ya debe estar listas la Biblia completa en el idioma de Rosalía de Castro.

   Últimas versiones evangélicas.

   Tras nuestra sangrienta Guerra Civil, mientras por un lado se fomentaban estudios y traducciones bíblicas católicas, por otro se perseguía sañudamente las ediciones evangélicas de la Palabra de Dios e, incluso, a sus lectores. Así, el 7 de agosto de 1940, los 110.000 ejemplares existentes en la Sociedad Bíblica madrileña fueron confiscados y destruidos. Operación que se repitió el 18 de marzo de 1956, cuando 35.000 ejemplares del N.T. y de los Salmos (versión Reina-Valera) fueron confiscados y machacados por haberse impreso "clandestinamente". En cuanto a las pequeñas partidas importadas desde fuera, fueron rechazadas o incautadas por la censura gubernamental.

   Pero, fuera de nuestra Península, siguen apareciendo nuevos traslados evangélicos:

  • 1953: Versión Latino-Americana del N.T. Revisión, mayormente gramatical de la Hipano-Americana (Nueva Tork, A.B.S).
  • 1960: Revisión de la "Reina-Valera". Importante retoque idiomático que removió muchas expresiones y palabras anticuadas, pero que no quiso aprovechar los últimos avances de una sana crítica textual.
  • 1966: N.T. Versión popular: "Dios llega al hombre". Llevada a cabo en Hispano-América, según los principios de "equivalencia dinámica". He aquí como vierte Romanos 4:24,25: "Pues Dios acepta también la fe de nosotros los que creemos en aquél que hizo resucitar de entre los muertos a Jesús, nuestro Señor, el cual fue entregado a la muerte por nuestro pecados y fue resucitado para que seamos aceptados por Dios". La versión española corregida es de 1971.
  • 1972: El Nuevo Testamento viviente. Adaptación española de la "Living Bible" del Dr. Keneth Taylor. Es una paráfrasis bastante libre. Editada en la Península por Logoi Inc. de Miami (U.S.A.).
  • 1973: N.T. de la "Biblia de las Américas". Publicado por la Fundación Lockman, de La Habra (California), con referencias y notas exegéticas. Sigue el texto griego de Nestlé (en su 23 edición), intentando trasladar al castellano de Reina-Valera los avances de las mejores revisiones inglesas.
  • 1979: Tras el Ev. según Juan (1975), aparece el Nuevo Testamento de la llamada Nueva Versión Internacional. Busca conjugar "tanto la fidelidad a los originales como la calidad de estilo de la traducción" sobre el principio de la "total autoridad e inerrancia de las Escrituras, consideradas como la Palabra de Dios en forma escrita". Interesante versión con breves notas exegéticas. Editado en España por "Escrituras en abundancia" (Tarrasa).

   Réstanos por historiar tres obras recientes:

  • Santa Biblia: Revisión 1977 (de la Reina-Valera) por un equipo anónimo. Salió en la primavera de 1979. Pretende ser un trabajo más completo que la anterior revisión de 1960, sobre la cual se basó principalmente. No sólo retoca la ortografía, sino también el texto, valiéndose de otras traducciones y ofrece mayor número de referencias. Pero resulta inferior a la "Biblia de las Américas", otra revisión de la "Reina-Valera" en curso de publicación (N.T. 1973). Además, parece hecha con criterios dispares.
  • La Biblia: Versión Popular "Dios habla hoy". Editada por las Sociedades Bíblicas Unidas en sus dos versiones: una con los Apócrifos y otra sin éstos. Sigue las mismas normas de "equivalencia dinámica" reflejadas ya en el N.T. "Dios llega al hombre", publicado en 1966.
  • "La Biblia al día" (Santa Biblia en paráfrasis). Versión castellana completa de la "Living Bible International" (Editorial Mundo Hispano). Es traslado bastante libre, pero que suele acertar a menudo. Como botón de muestra citaremos 2 Timoteo 3:15,16: "Desde la niñez conoces las Sagradas Escrituras, y éstas te dieron la sabiduría que se necesita para alcanzar la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. La Biblia entera nos fue dad por inspiración de Dios y es útil para enseñarnos la verdad, hacernos comprender las faltas cometidas en la vida y ayudarnos a llevar una vida recta. Ella es el medio que Dios utiliza para capacitarnos plenamente para hacer el bien".


   Sí, Dios nos ha hablado en tiempos pasados, en muchas porciones y de muchas maneras, por medio de los Profetas y finalmente en la Persona de su Hijo. Y Dios nos sigue hablando personalmente por medio de su Palabra escrita en numerosas versiones, hoy día.

   Estemos agradecidos al Señor por ese ingente ejército de arqueólogos, sabios, traductores, copistas, impresores y distribuidores que supieron aunar tiempo, bienes y energías para que cada cual pudiera oír, leer y meditar el Mensaje de Salvación en Cristo en forma clara y en un lenguaje siempre actual.

"La hierba se seca, y la flor se cae; mas la Palabra del Señor permanece para siempre". (1 Pedro 1:24,25).