Capítulo XXI (2a. parte). La muerte de Federico, Elector de Sajonia.
Federico, Elector de Sajonia, el hombre que Dios usó para defender la reforma, se moría. Llamó a su capellán, Spalatín, y en la noche a las ocho, el anciano príncipe confesó sus pecados en la presencia de Dios. Al otro día, recibió la cena del Señor bajo las dos especies. Sus domésticos rodeaban su cama, conforme a la costumbre de aquellos tiempos, todos lloraba. Dijo el prícipe: "Hijitos, si os he ofendido, perdonadme, por amor de Dios. Nosotros los príncipes, muchas veces ofendemos a los pobres y esto es malo". Spalatín, quedó con él. Le presentó las rocas promesas del evangelio y el Elector piadoso bebió sus poderosas consolaciones con una paz indescriptible. Sintiendo la muerte acercarse con rapidez, destruyó un testamento que había hecho años antes, en el cual encomendó su alma a "la madre de Dios" y dictó otro en el cual invocó los santos méritos de Jesucrito solamente y declaró con firmeza que fue redimido por la sangre preciosa de su amado Salvador. A las cinco de la tarde durmió en el Señor tranquilamente. Exclamó su médico: "Era un hijo de paz y en paz ha partido". Dijo Lutero: "¡Oh amarga muerte para todos los que han dejado!".
Lutero nunca había visto al Elector Federico, sino a lo lejos en la Dieta de Worms. Sin escrito, contrato o aun palabras hubo una alianza tácita entre ellos. El vigoroso árbol no había dado ayuda a la pequeña planta, solamente le permitió crecer. Ahora que el árbol que daba sombra fue cortado y los enemigos del evangelio en todas partes estaban atacando con nueva energía, parecía que no había ya defensa contra la espada que con tanta violencia los perseguía.
El duque Jorge inmediatamente formó una alianza católica en el norte de Alemania semejante a la de Ratisbon en el sur. En este tiempo el Emperador Carlos V arregló otra Dieta en Ausgburg, porque por razones políticas, quería dar una nueva constitución a Alemania que le concediera el poder de disponer de sus ejércitos a su arbitrio. Por eso quería valerse de las diferencias religiosas y gritaba: "¡Abajo los luteranos!". Los restos de insurgentes de Munzer juraron quitar la vida a Lutero; se decía que el duque Jorge iba a arrestarle en el mismo Wittemberg, los príncipes que podrían haberle defendido parecían haber abandonado la Reforma. Carlos V estaba reuniendo otra Dieta para dar el tiro de gracia a la Reforma, entonces, con todos estos peligros amenazándole, Lutero hizo lo que nadie podía haberse imaginado, Lutero se casó.
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