Capítulo XI. Lutero excomulgado.
Ya que Lutero había atacado, no los abusos del Papado, sino al Papado mismo, el Papa León se despertó y Eck quien había reunido a todos los frailes fanáticos en Roma, porfiaba hora tras hora aún en el mismo gabinete papal, por conseguir la excomunión de Lutero. Por un período corto el partido respetable, que reconoció que Lutero dijo mucha verdad, aconsejaba conciliación. Pero al fin el Papa fue persuadido, principalmente por el banquero Tugger que manejaba los productos de la venta de las indulgencias. Ese rey del dinero ganó, y se resolvió que Lutero fuera condenado. En el consistorio algunos aconsejaban su inmediata excomunión y otros decían que en justicia debía ser procesado. El Cardenal Cajetán, llevado a la asamblea en su lecho, declaró en favor de una condenación inmediata y el Colegio Sagrado lo resolvió así el 15 de Junio.
Entre las proposiciones enumeradas en la bula como causa de la excomunión aparecen las siguientes:
La bula mandó a Lutero cesar de predicar, enseñar y escribir desde ese momento, que sus obras fueran quemadas, que si no se retractaba dentro de sesenta días, él y sus adeptos serían condenados como herejes declarados y obstinados, y que Lutero y otras personas indicadas fueran arrestadas y remitidas a Roma.
La obra de Wittemberg entre tanto había crecido grandemente. Muchas de las clases de Melanchthon consistían de mil quinientos a dos mil oyentes; y hubo varios zafarranchos entre los estudiantes y algunos ciudadanos, cosa que dio honda pena a Lutero.
Anticipándose a la bula, Lutero publicó el 6 de Octubre su libro famoso "El Cautiverio Babilónico de la Iglesia", en el cual alegó que los cristianos, el verdadero pueblo de Dios, había sido hecho cautivo por Babilonia (Roma), y despojado de todo por ella.
Aunque una publicación de esta índole destruyó toda esperanza de una reconciliación entre el Papa y Lutero; el Nuncio Papal Miltitz trabajaba por ella. El Elector mandó a Lutero acudir a una cita con él en la cual de nuevo Martín prometió callarse si sus contrarios hacían lo mismo. "Por amor de la paz", dijo Lutero, "haré todo lo que esté en mi poder". De acuerdo con esto Lutero escribió otra vez al Papa el 11 de Octubre y ésta fue por última vez. Concluyó su carta diciendo: "Ahora vengo a vos, Santísimo Padre, y postrado a vuestras plantas, os ruego que refrenéis, si es posible, a los enemigos de la paz (Eck, De Vio, etc.). No puedo retractar mi doctrina, no puedo permitir ningunas reglas de interpretación impuestas sobre las Escrituras. La palabra de Dios que es la fuente de donde fluye toda libertad verdadera, no tiene que ser presa".
Unos días antes fue informado Lutero de la bula traída por Eck, pero fingió que no era genuina, dijo: "Tengo que ver con mis mismos ojos el plomo, el sello, los hilos, la cláusula, la firma de la bula, en fin, todo lo relativo a ella entes de dar el valor de una paja a esos clamores".
El cuatro de Noviembre Lutero contestó con una terrible descarga de artillero intitulada "Contra la Bula del Anticristo".
Empezó a llevarse a cabo la bula. En muchas partes los autos de fe fueron encendidos y los escritos de los herejes reducidos a cenizas. En París se hizo un montón inmenso de leña. Llegaron muchos estudiantes y ciudadanos con grandes tomos que echaron en la hoguera. Los frailes y profesores quedaron contentísimos de tal entusiasmo hasta que descubrieron que eran libros papísticos escolásticos y no las obras de Lutero.
Lutero resolvió apelar al Papa a un concilio general, y el 17 de Noviembre de 1520, en presencia de un notario público y cinco testigos, con toda solemnidad, pues era un crimen hacer esto, Lutero públicamente llevo a efecto su resolución.
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