Martín Lutero.

El Fraile que conmovió el Mundo.


   Capítulo XII. Lutero quema la Bula.

   Pero el 10 de Diciembre el hijo del minero de Mansfeldt tomó otro paso aún más atrevido. Se reunieron un grupo numeroso de dostores y estudiantes. Con Lutero a la cabeza, salieron a un sitio fuera de la ciudad. Tenía Lutero unos viejos papeles que quería destruir. Ya encendido el fuego, Martín Lutero se acercó y tiró al fuego la ley canónica, las decretales, los clementinos, las extravagancias papales, unos escritos por Eck y otros, y por fin la bula. Levantando la bula en alto, exclamó: "Desde que has molestado al Santo Señor, que el fuego eterno te moleste y te consuma para siempre".

   Al otro día al concluir su exposición de los Salmos en un salón apretado de gente, les dijo con mucha solemnidad: "Todo aquel que toma placer en la religión y culto del papado, se perderá eternamente en la vida venidera".

   Después de su coronación, Carlos V fue a Colonia y entre la muchedumbre estaban los Nuncios Papales Caraccioli y Alexander. Este último fue comisionado especialmente para persuadir a Carlos V a aplastar la Reforma. Carlos puso en efecto la bula en sus propios estados pero cuando Alexander demandó la vida de Lutero, el emperador contestó que como acababa de ascender al trono, no podía hacer tal cosa sin antes tomar el parecer de sus consejeros. Se dirigieron por lo tanto, los Nuncios al príncipe Federico, quien contestó por mediación del Obispo de Trento: "Es un asunto por demás importante para resolver a la ligera. después les haré saber mi resolución". Era muy difícil para Federico llegar a una decisión. Siendo muy devoto, había ido al santo sepulcro en su juventud y resolver en favor de Lutero significaba separarse de la religión de sus padres. Con todo, el elector creía que se hacía una injuria a Lutero y el principio de todas sus acciones era la justicia y no lo que deseaba el Papa.

   El 4 de Noviembre sus consejeros recordaron a los Nuncios que nadie había refutado los escritos de Lutero (probando así que merecían ser arrojados a la lumbre), y pidieron en el nombre de Federico un salvoconducto para que Lutero viniera y diera cuenta ante jueces imparciales.

   El mismo Emperador intimó a los Nuncios que él portaría imparcialmente hacia el Papa como hacia el elector, porque no quería dar ninguna ventaja a sus rivales, particularmente al Rey de Francia: Por lo pronto los grandes de Alemania, no se esforzaron para hacer efectiva la bula entre los humildes, pero los agentes inferiores del Papa la pusieron en práctica, especialmente por medio del confesionario.

   Habiendo escrito en contra de Lutero un teólogo romano llamado Cattarius, Lutero contestó probando por la Biblia que el Papado es el reino del Anticristo y terminó con una oración pidiendo que viniera el advenimiento del día de la manifestación gloriosa del Hijo de Dios, en el cual destruiría a ese maligno, y que todo el pueblo diga: "Amén". De toda Alemania llegaron cartas consolando y fortaleciendo a Lutero.


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