Capítulo XVI. Lutero sale de su retiro.
En una obra tan universal como era la Reforma, no faltaban fanáticos alegando que no valía la pena adherirse estrictamente a la letra de la Biblia, antes debíamos confiar en la inspiración directa del Espíritu Santo. Hubo una ola de violencia y de entusiasmo religioso, cada día más grande. Las gentes entraron a las iglesias, sacaron las imágines, las despedazaron y las quemaron. Los fanáticos y todos deseaban que volviera Lutero. Este escribió al Elector Federico (quien le había suplicado no saliera de Wartburg), diciendo: "Cada día me llegan noticias más graves; las circunstancias positivamente requieren que abandone al Wartburg".
El día 3 de Marzo de 1522 Lutero dejó aquella fortaleza para siempre. Había sido para él un asilo donde los anatemas de León y la espada de Carlos V, no podían tocarle. En el camino tuvo que esperar en un mesón porque se había desencadenado una terrible tempestad y se habían inundado los caminos. Lutero estaba leyendo un libro cuando entraron dos estudiantes suizos. Uno de ellos, levantando el libro y viendo que eran los salmos en hebreo, dijo al desconocido Lutero: "Daría uno de mis dedos por saber ese idioma". Los dos jóvenes suizos iban a Wittemberg con el propósito de ver a Lutero y después cuando llegaron, quedaron sorprendidos al descubrir que el desconocido viajero era el reformador.
Entraron después en el mesón dos comerciantes y uno puso en la mesa un libro. Preguntó Lutero: "¿Qué libro es?". "Es un comentario por el doctor Lutero que acaba de salir de la imprenta", contestó el comerciante. Dijo Lutero: "Conseguiré una copia en breve". Uno de los dos caballeros dijo: "Ese Lutero o es un ángel del cielo o un demonio del infierno; yo, de buena gana daría diez pesos si le pudiera encontrar y confesarme con él".
Corrió la voz que Lutero estaba otra vez en Wittemberg. El siguiente domingo se llenó la iglesia y Lutero habló con una mansedumbre que no era de esperarse de un hombre tan indómito. Predicó ocho sermones y logró sosegar los espíritus exaltados de los fanáticos y todo se volvió en paz.
Los tres jefes de los fanáticos que se decían profesores, se presentaron para un conferencia con Lutero. Éste les escuchó con mucha serenidad. Entonces les dijo: "Nada de lo que habéis dicho está basado en las Sagradas Escrituras, es una pura fábula. Vosotros decís que sois profetas, San Pablo declaró que las pruebas de su apostolado fueron milagros, probad vuestro apostolado de igual manera". Por fin, los tres fanáticos abandonaron el campo y la reforma que había desconocido a los falsos decretales de Roma, ahora rechazó las presunciones de los fanáticos y quedó firmemente basada sobre la Palabra de Dios, viva e inmutable.
Lutero suplicó a su amado Melachton que le ayudara en la revisión final del Nuevo Testamento que había empezado en el Wartburg. Melanchton, quien conocía toda la filosofía de la antigüedad, dijo: "Que en el Nuevo Testamento únicamente podemos hallar el verdadero alimento del alma".
El 21 de Spetiembre de 1522 salió a la luz, la primera edición de tres mil ejemplares del Nuevo Testamento en alemán, y fue vendida en muy corto tiempo. Tan prodigiosa era la demanda, que en 11 años, 58 ediciones fueron publicadas. Lutero siguió con la traducción del Antiguo Testamento que se vendía por entregas. El público estaba impaciente por poseer la Palabra de Dios, vendiéndola en entregas, los pobres podían conseguirla. El pueblo dijo a Lutero: "Usted nos ha predicado a Cristo, ahora queremos oírle nosotros mismos".
Oyendo en Roma de la publicación de la Biblia, el Papa y los suyos temblaron. En los Estados devotos a Roma se decomisaron los que podían encontrar, haciendo hogueras de Biblias en las plazas públicas, pero el duque Jorge confesó que después de su prohibición muchos miles de ejemplares fueron vendidos y leídos en su Estado.
La publicación del Nuevo Testamento, produjo un efecto inmenso. Los hombres, las mujeres, estudiaban ardientemente el sagrado tomo, llevándolo de memoria. Pronto vieron que las enseñanzas de Lutero estaba en perfecto acuerdo con la revelación divina.
El compañero íntimo de Lutero, Melanchton, publicó en 1521 un libro títulado: "Sobre las verdades vulgares de teología", que presentaba al cristianismo un sistema de teología de bases sólidas y de proporción admirable. Si el Nuevo Testamento justificó la reforma en los ojos del pueblo, el libro "Verdades Vulgares" la justificó en la opinión de los filósofos y teólogos. Durante los años de 1521 y 1595 salieron 67 ediciones de este libro (sin incluir las traducciones) y después de la Biblia, posiblemente la reforma debió más a este libro. Lutero sintió un gozo indecible. En toda su vida esta obra le llamaba mucho la atención y admiración y no dejaba de recomendarla a los jóvenes que acudían a la Universidad, les decía: "Si quieres hacerte un teólogo, lee el libro de Melanchton".
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