Capítulo XX. Más reformas.
En la religión hay dos extremos: el uno vuelve todo material y el otro lo hace todo espiritual. Roma es el primero. El misticismo es el segundo. La religión, como el hombre mismo, se compone de cuerpo y alma y en ella como en la filosofía, los extremos son igualmente equivocados.
En la Reforma había estas influencias y la división en cuanto a la cena del Señor se debió a ellas. Lutero y sus amigos atacaron la opinión exageradamente espiritual. Carlstad, Calvino, y sus amigos, se opusieron a la opinión exageramente material.
Decía Carlstad: "La real presencia de Cristo en la Misa no concede ninguna ventaja, pero que se consigue por la fe; por lo tanto es inútil".
Lutero decía que las palabras: "Este es mi cuerpo", debían entenderse literalmente.
Carlstad también renovó sus ataques contra las imágenes y el pueblo hizo pedazos las imágenes en muchas iglesias.
El príncipe Federico quiso interponer su autoridad pero el pueblo no quiso oir y Federico comisionó a Lutero para vistar la comarca para ver si se podían pacificar los ánimos. En Jena predicó Lutero una hora y medio contra el fanatismo, la rebelión, la destrucción de las imágenes y el menosprecio de la real presencia. En el auditorio estaba Carlstad, quien después quiso hablar con Lutero, pero Lutero le trató con frialdad y poco después Federico dio órdenes que Carlstad renunciara a su puesto y abandonara los estados electorales. Él obedeció y fue quejándose que había sido despedido por Lutero sin ser oído y sin ser condenado. Éste fue el origen de una grande división en la iglesia de la reforma.
La liga católica de Ratisbon y las persecuciones tuvieron una reacción poderosa entre el pueblo alemán. Al ser requeridos a entregar la Palabra de Dios a las hogueras, contestaron: "La retendremos".
Había sido convenido que se reunieran en Spires y ahí las ciudades libres levantaron la bandera del evangelio y de la libertad nacional y no solamente ellas se pusieron de parte de la Reforma, sino muchos príncipes también lo hicieron. Alberto el gran maestro de la Orden Teutónica tuvo una plática con Melanchton y Lutero que resultó más tarde en su conversión.
Poco después empezaron los reformadores a modificar el orden del culto según la Palabra de Dios. Eliminaron todo de la misa que hacía de ella un sacrificio, dispusieron que habría una reunión a las 5 ó 6 de la mañana todos los días para leer el Antiguo Testamento y en la noche otra, para leer el Nuevo Testamento.
La misa fue quitada de la catedral de Todos Santos, en Wittemberg y muchas otras iglesias en Europa siguieron el ejemplo a pesar de la oposición de algunos príncipes y sacerdotes.
Lutero comprendió que para reforzar la Reforma era necesario fomentar escuelas cristianas. Dijo: "Muchos padres son como las avestruces, pues están satisfechos con haber puesto el huevo, pero no tienen cuidado después de sus hijos". No tuvo cuidado Lutero únicamente de la educación de los niños y ministros, quería que todos estudiasen no únicamente la Biblia, sino libros de las artes, leyes, medicina e historia, "todos éstos", dijo Lutero, "son útiles para hacer conocer las obras y maravillas de Dios". Melanchton dijo: "Aquellos que desprecien la literatura profana, también tienen en poco la teología. Su desdén es un pretexto nada más con que quieren ocultar su flojera". "Después de la teología", dijo Lutero, "doy el primer lugar y la honra más elevada a la música. Un profesor de escuela debe saber cantar, si no sabe, no le consideraría maestro ni por un momento". La poesía también fue una ayuda eficaz para despertar al pueblo de su sueño.
![]() | ![]() | ![]() |