Capítulo XXII. Lutero se casa con la monja Catalina.
En el convento de Nimptsch en el año de 1523, había nueve monjas. Leyendo la Biblia descubieron la diferencia entre la vida cristiana y la vida conventual. Escribieron a sus padres: "La salvación de nuestras almas no nos permite quedar en un convento".
Pero sus padres rechazaron su deseo de regresar a sus hogares. Por fin el horror que los infundieron los cultos católicos les hizo resolver abandonar el convento, y prometiendo quedar juntas, salieron sin oposición ninguna. Unos ciudadanos de Torgán las condujeron en una carreta a Wittemberg y el día 7 de Abril de 1523 se bajaron delante de la puerta del que fue convento agustino donde vivía Lutero.
Al darles la bienvenida, Lutero dijo: "No he tenido nada que ver con esto; pero ojalá que pudiera yo así rescatar todas las conciencias cautivas y vaciar todos los conventos". Muchas familias ofrecieron recibir en sus casas a las monjas y Catalina Bora, halló un lugar en la familia del alcalde de Wittemberg.
Lo único que Lutero pensaba en esos días, era la inminente posibilidad de subir al patíbulo y no acercarse al altar en matrimonio. Muchos meses antes, cuando alguien le habló de casarse contestó: "Dios puede cambiar mi corazón si le place, pero en los momentos presentes, no pienso en tomar una esposa; no es que no sienta deseos, pues ni soy de palo ni de piedra, pero todos los días espero la muerte y el castigo de un hereje".
Pero en la iglesia reformada todo progresaba. El día 9 de Octubre Lutero apareció en la iglersia en traje ordinario, ya no con hábito eclesiástico donde su presencia fue saludad con viva satisfacción. Al fin de Diciembre fue clausurado el convento y Lutero entregó las llaves a las autoridades.
Lutero enalteció mucho lo honroso del estado matrimonial, y es posible que tenía alguna inclinación por Catalina; pero el pensamiento de lo que se diría de él, le había vedado de pensar casarse con ella. Propuso a la pobre Catalina primeramente a Baumgartner de Nuremberg y luego al Dr. Geltz de Orlamud. El primero rehusó y ella rehusó al segundo.
El padre de Lutero, que había sentido tanto dolor cuando Martín se hizo monje, le instaba mucho a casarse. Además una idea estaba presente continuamente en la mente de Lutero y era que el matrimonio es una institución de Dios, mientras que el celibato es una institución de los hombres y como ya odiaba todo lo que originó la Iglesia romana, oró día y noche para que Dios le librara de su incertidumbre.
Un texto vino para deshacer las últimas dudas. Dios había dicho: "No es bueno que el hombre esté solo". Vio que si como hombre debía casarse, como lider y reformador también era llamado al estado matrimonial.
Su amigo el abogado Schuff dijo: "Si este fraile se casara, todo el mundo y el mismo diablo reventaría de risa y sería destruida la obra que ha comenzado". Este dicho operó de una manera muy distinta de lo que uno podría suponer. Encararse con el mundo, con el diablo y sus enemigos y hacer algo que el mundo pensara pudiera destruir su obra y así evitar que el éxito de la reforma fuera atribuido a él, fue todo lo que a Lutero le preocupaba. Al fin, levantando denodadamente su cabeza, dijo: "Entonces lo haré, jugaré al mundo y al diablo esta trampa. Daré gusto a mi padre y me casaré con Catalina".
Roma, que parecía estaba ganando terreno por todas partes, quedó atónita por la acción de Lutero. Él fue casi ahogado con acusaciones y calumnias pero contestó: "Daré testimonio al evangelio, no únicamente por palabra sino también por mis obras. Mis enemigos levantan el grito de la victoria, pero me casaré con un monja para que crean y sepan que no me han vencido. Estoy resuelto a dar testimonio extraordinario para fortalecer a los débiles". Lutero se casó el 11 de Junio de 1525.
Contra el torrente de abusos, muchos hombres católicos sabios y moderados, levantaron su voz en defensa de Lutero. Erasmo dijo: "Lutero ha tomado una esposa de la familia noble de Bora, pero ella no tiene dote". Melanchton dijo con voz grave: "Es falso, es una calumnia, decir que hay algo impropio en el casamiento de Lutero. Una vida casada es una vida de humildad, pero también es una vida santa, si hay tal cosa en el mundo; y las Escrituras en todas partes manifiestan que el casamiento es honorable a los ojos de Dios".
Un día se paró un mendigo extraño delante de la casa de Lutero en Wittemberg y cantó un himno hermoso: "A nosotros al fin ha venido la salvación". Lutero lo oyó y escuchó con delicia. "Cántalo otra vez, otra vez", dijo. Preguntó al mendigo dónde había aprendido el himno y le informó que en las playas del Báltico donde Alberto reconocido como Duque de Prusia por su tío, Segismundo rey de Polonia, se había declarado ya en favor del evangelio, que él había cambiado los conventos en hospitales y ordenado que se predicara el evangelio hasta en los pueblos más pequeños.
Desde el día cuando Lutero habló por primera vez contra las indulgencias, hasta su casamiento a los cuarenta y dos años de edad, pasaron ocho años y Catalina Bora había estado fuera del convento dos años. Parece difícil creer como algunos dicen, que Lutero atacó los abusos de la iglesia porque estaba impaciente por casarse.
La vida de casado de Lutero fue muy feliz. Al año de ser casado, su Cata (como él la llamó), le dio un hijo. Su casamiento le ayudó mucho y en los momentos de más grande prueba, la compañia de su esposa le sostenía gozoso. Un día Lutero estaba muy desanimado. Los reyes de la tierra y el Papa resueltamente procuraban aniquilar a la iglesia reformada y el Reformador sentía su fe flaquear. Su esposa se presentó a la hora del desayuno vestida de luto. Preguntó Martín: "¿Quién se ha muerto?" Contestó su esposa: "Dios, porque te veo tan decaído que es seguro suponer que Dios se ha muerto". Martín luego vio su error y dijo: "Quita esos vestidos de luto, Dios aún vive y no dudaremos más". Y su esperanza inmediatamente revivió.
El Papa, quien había creído que se había sofocado el movimiento de la Reforma en Europa, resolvió aplastarla en la Dieta próxima. Dos de los príncipes evangélicos se pusieron de acuerdo para defenderse si fueran atacados y se formó otra alianza en Magdeburg en 12 de Junio. El clero y los príncipes, amigos de Roma, viendo que los partidarios de la Reforma eran casi tan poderosos como los del Papa, resolvieron escribir al Emperador Carlos V. Decían: "La doctrina detestable de Lutero progresa con rapidez. Cada día se hacen esfuerzos para ganar aún a nosotros. Imploramos el auxilio del Emperador". Carlos V contestó favorablemente. Les decía que iba a Roma para ponerse de acuerdo con el Papa y después vendría a Alemania a pelear contra Lutero. Lutero conocía todo esto y en imaginación vio millares de espadas desenvainadas contra el evangelio. Dijo: "Nos amenaza la guerra. Que la gente con fe y oración luchen valientemente ante el trono del Señor en ruegos para que nuestros enemigos, vencidos por el Espíritu de Dios, sean constreñidos a la paz. Nuestra más grande necesidad, nuestra mejor labor es la oración. Que sepa nuestro pueblo que está expuesto al filo de la espada y a la ira de Satanás y que ore".
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