Capítulo XXIII. Erasmo y Lutero.
El tímido Erasmo quería reconciliar a Lutero y a Roma. Dijo Lutero: "Nosotros los cristianos debemos estar seguros de nuestra doctrina y debemos poder decir que sí, o que no, sin titubear. El Espíritu Santo no es escéptico".
Erasmo al ver a Roma levantarse contra la Reforma cedió terreno. Fue solicitado con urgencia por el Papa, por el Emeprador y por los príncipes y Reyes Católicos, por muchos escolares y aun por sus amigos más íntimos a escribir contra Lutero. El mismo Papa dijo: "Ningún trabajo puede ser más aceptable a Dios y digno de usted y de su genio, que escribir contra Lutero".
Contestó Erasmo: "Es muy fácil decir, 'escribe contra Lutero', pero es un asunto lleno de peligro". Lutero no supo cómo reconciliar el respeto que sentía por los conocimientos de Erasmo y la indignación que despertó su tímidez, le escribió: "Como no tiene usted el valor suficiente para unirse con nosotros, nuestro pueblo le dejará pasar su vejez en tranquilidad, quédese en donde está, pero, mi amado Erasmo, desearía yo que no derrame sobre nosotros con tanta abundancia esa sal tan mordaz. Es más peligroso ser herido levemente por Erasmo que reducido a polvo por todos los papistas juntos. No escriba usted contra mí y yo no escribiré contra usted".
Erasmo recibió la carta como si fuera el más amargo insulto. Además Enrique VII de Inglaterra había sacado una promesa de Erasmo que se declararía en contra de la Reforma y era preciso cumplirla. Escogió por lo tanto, como tema de ataque, la doctrina del libre albedrío. Algunos decían que fue un asunto abscuro y sin provecho, pero Lutero dijo: "Reconozco que en estas discusiones Erasmo era el único que se había profundizado de corazón en el asunto. Le agradezco esto con todo mi corazón". Erasmo escribió a Enrique VIII: "Se han jugado los dados, el libro, tratando del libre albedrío, ha sido publicado. Pienso que me apedrearán". Lutero recibió el tratado de Erasmo en Octubre de 1524, pero no contestó. Los frailes y divinos escolásticos empezaron a elevar cantos desbordantes de victoria y decían: "Lutero por fin ha encontrado a su maestro". Tuvo Lutero que contestar. Valiéndose de las contradicciones de su adversario, combatió sus propias creencias. Concluyó diciendo: "Confieso que usted es un hombre muy grande. En ninguna parte hemos encontrado tanto conocimiento, inteligencia y habilidad, tanto en hablar como en escribir. Yo no tengo nada de eso, pero si hay una cosa en que me glorió, es que soy cristiano. Que Dios le levante infinitamente por encima de mí en el conocimiento del evangelio para que me sobrepuje en esto, como lo hace usted en todo lo demás".
Erasmo fue vencido y conestó públicamente acusando a Lutero de ser mentiroso, blasfemo y bárbaro. El hombre de moderación mostró su derrota entregándose a las injurias y maldiciones.
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