Capítulo XXVIII. Los últimos días y muerte de Lutero.
Ocho días después de su último cumpleaños (62 años) que fue Noviembre 10 de 1545, concluyó Lutero su exposición del Génesis con estas palabras dirigidas a sus estudiantes: "Me siento muy débil, no puedo seguir, favor de pedir a Dios que me conceda una muerte bendita". Escribió a un amigo: "Estoy muy cansado de este mundo y el mundo de mí; no nos será difícil despedirnos como un huésped del mesón. Por lo tanto ruega a Dios me conceda un fin pacífico, estoy pronto a partir".
Cuando terminó su último sermón en Eisleben expresó este sentimiento: "Que Dios nos conceda su gracia para aceptar con gratitud su palabra, para crecer en el conocimiento y en la fe de su Hijo y para permanecer firmes en la confesión de su santa Palabra, hasta nuestro fin. Amén".
Al principio de 1546 hubo unas diferencias entre los Condes de Mansfeld y sus súbditos, y esos señores suplicaron a Lutero hacer las veces de árbitro entre ellos. Accedió Lutero a su deseo y con sus tres hijos se dirigió a Eisleben el 23 de Enero. En Halle, donde visitó a su amigo el doctor Jonás, predicó sobre la conversación de Pablo y elogió sus epístolas. El 28 de Enero tuvo que atravesar el río Saale, que estaba desbordado, y se halló en grande peligro. Dijo a Jonás: "Querido Jonás; ¡cómo se alegraría el diablo si yo, Dr. Martín, tú y nuestros guías se ahogaran en este agua!" Acercándose a Eisleben se sintió tan débil que hubo mucho temor que muriera. Pronto se alivió. Sus sugerencias para solventar las dificultades tuvieron éxito y Lutero pensaba regresar a su casa. Pero Dios dispuso otra cosa.
El día 17 de Febreo Lutero ya no pudo asistir a las reuniones por su debilidad creciente. Recluído en la casa, buscaba descanso y como a las ocho de la noche dijo, al tomar su medicina y acostarse en un sofá: "Creo que si pudiera dormir un rato mejoraría". Durmió tranquilo hasta las diez, cuando despertó y se fue a su cuarto. Al entrar dijo: "En el nombre de Dios voy a acostarme. En tus manos encomiendo mi espíritu, Tú me has redimido, oh Dios fiel". A la una despertó y dijo: "Oh Señor Dios, me siento muy mal. Amado doctor Jonás, creo que voy a morir aquí en Eisleben, donde nací y fui bautizado". Se levantó y descansó en el sofá diciendo otra vez: "En tus manos encomiendo mi espíritu. Tú me has redimido, mi fiel Dios". Acudieron a su lado sus amigos, el Conde Albrecht, la Condesa y dos médicos. Con el tratamiento que le dieron empezó a sudar y el doctor Jonás creía que se aliviaba, pero Lutero dijo: "No, es el sudor frío de la muerte. Entregaré mi espíritu porque la enfermedad crece". Entonces oró en estas palabras: "Oh mi Padre celestial, el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Tú que eres el Dios de toda consolación. Te doy las gracias que me has revelado a tu querido Hijo Jesucristo, en quién he creído, a quien he predicado y confesado, a quién he amado, a quién el malvado Papa y los impíos deshonran, persiguen y blasfeman. Te ruego, Señor Jesucristo, recibir mi pobre alma en tus manos. Oh Padre celestial, aunque tengo que dejar este cuerpo y ser arrancado de esta vida terrena, sin embargo, sé con toda seguridad que estaré contigo para siempre y que nadie me puede arrebatar de tus manos". En seguida tres veces repitió el texto (Juan 3:16): "De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". Luego agregó (Salmo 68:29): "Dios, nuestro Dios ha de salvarnos: y de Dios Jehová, es el librar de la muerte". Cuando el médico le dio un estimulante, al tomarlo dijo: "Me voy, entrego mi espíritu" y en seguida con rapidez, repitió: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu, Tú me has redimido, Señor, mi fiel Dios". Quedó quieto y no respondió cuando le hablaron. Entonces el doctor Jonás, le dijo al oído: "Venerable padre, ¿está usted firmemente decidido a morir confiando en Cristo y en la doctrina que ha predicado?". Clara y distintamente confesó Lutero: "Sí", habiendo dicho esto dio media vuelta y durmió en el Señor, salvo por la fe en su Redentor, el 18 de Febrero de 1546, entre las dos y las tres de la mañana".
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