Capítulo VI. Lutero desconoce las indulgencias.
En el año 1517 se acercó a Wittemberg. No pudo entrar en Sajonia porque los priíncipes, indignados por el tráfico escandaloso en indulgencias, le habían prohibido la entrada en su territorio. Se hallaba pues a unos seis kilómetros distante y las multitudes salieron de Wittemberg para ir al mercado de indulgencias en Juterbock.
Un día sentado en el confesionario, Lutero oyó muchas confesiones. Los que se confesaban, se acusaron de adulterio, usura, robos, etc. Lutero les regañó y les requería que abandonaran estos pecados. Los penitentes se negaron rotundamente a hacerlo y le enseñaron las cartas de indulgencia vendidas por Tetzel. Lutero no hizo caso de estos documentos y les amonestó que si no se arrepintieren de todos sus pecados perecerían, y que si no abandonaran su maldad no les absolvería. Ellos gritaban y protestaban pero el doctor era inflexible y volvió a decirles: "Si no dejáis de hacer lo malo y aprendéis a hacer el bien, no os daré la absolución".
Llenos de dudas los compradores de indulgencias regresaron a Tetzel diciéndole que había un sacerdote que desdeñaba sus cartas: Tetzel subió al púlpito y con maldiciones e insultos dijo: "Yo he recibido del Papa poder para quemar todos los herejes que tuvieran la temeridad de oponerse a las indulgencias". Para mayor efecto mandó encender varias hogueras en la plaza.
Lutero a su vez subió al púlpito y con mansedumbre precavió a sus oyentes del peligro de confiar en las indulgencias. El Papa había condedido al protector de Lutero, el príncipe Federico, indulgencias especiales para la misma iglesia donde estaba Lutero predicando, pero no importaba. A pesar de la posibilidad de perder el favor de su príncipe, el pastor defendería sus ovejas del lobo rapaz. El sermón impresionó grandemente a la congregación, fue publicado pero el asunto no pasó de ahí.
Siguió Tetzel con su tráfico de mercaderías. ¿Guardaría Lutero silencio? Como pastor había predicado el sermón, como teólogo debía defender la doctrina pura de Cristo, dirigiéndose a los que enseñaban la palabra de Dios.
Sin consultar a nadie, ni al Elector ni a Staupitz, ni aun a sus amigos más íntimos, Lutero escribió noventa y nueve tesis o proposiciones contra la doctrina de indulgencias. El día de todos los Santos, en 1517, multitudes de peregrinos acudieron a la iglesia de Wittemberg para adorar y contemplar las muchas reliquias que el Elector Federico había reunido allí. Estas reliquias fueron adornadas con tanto oro, plata y piedras preciosas de tanta magnificencia, que quedaron deslumbrados los que las vieron. Los peregrinos creyeron que ganarían ricas indulgencias con su asistencia y sus oraciones. A la vista de esas multitudes, entrando y saliendo Lutero se dirigió denodadamente a la iglesia, y fijó en la puerta sus noventa y nueve puntos, que él mismo defendería en la universidad al día siguiente, contra todos lo que quisieran oponerse. Pronto toda la ciudad se puso en movimiento.
En esta discusión tenemos el comienzo de la Reforma del siglo dieciseis. Los reformadores anteriores, Hus y Wiclif, habían atacado la vida irregular del clero. Lutero atacó su doctrina. Más tarde, Lutero afirmó que al declarar en estas proposiciones que somos justificados (salvados) por la fe, el hacha fue puesta a la raíz del árbol papal. Sostuvo en ellas que todo debe basarse en la palabra de Dios, que el Papa la había quitado al pueblo y la había falsificado. "Yo vencí al Papa", dijo Lutero, "porque mi doctrina es de Dios y la de él es del diablo".
Al otro día nadie se presentó para discutir las proposiciones de Lutero. El tráfico de indulgencias era tenido en tanto desprecio y considerado tan vergonzoso que solamente Tetzel y sus compañeros se atrevían a defenderlo. Las proposiciones contra las indulgencias circularon en toda Europa como un rayo. Antes de un mes llegaron a Roma misma. Parecía que los ángeles fueran los comisionados para ponerlas delante de todo hombre. Muchos de los peregrinos que habían llegado a Wittemberg buscado indulgencias, regresaron con copias de las tesis. Dijo Erasmo al Duque Jorge: "Cuando Lutero atacó esta fábula de las indulgencias, todo el mundo aplaudió y hubo consentimiento general".
La aprobación de las proposiciones que al principio fue manifestada, pronto se cambió en reproches y acusaciones. Lutero había esperado que muchos se pondrían de su parte; pero no, y Lutero, por lo tanto, se sintió solo y abatido. Dijo: "Comprendo que siendo un pobre miserable y despreciable fraile, más parecido a un cadáver que a un hombre, yo no tenía recursos para oponerme contra toda majestad del Papa, delante de quien los reyes de la tierra, y todo el mundo temblaban, y aun el cielo y la tierra obedecían la mirada de sus ojos". Agregó Lutero: "Nadie podrá saber cómo mi corazón sufrió los primeros dos años de mi lucha contra las indulgencias y a qué grado de desanimación y aun despreciación me hundía".
Tetzel levantó el guante. Contestó al sermón y prometió refutar las proposiciones en la universidad de Frankfort-Oder. El punto principal de Tetzel, era que el arrepentimiento exigido por Dios y las penitencias impuestas por la iglesia, son la misma cosa. "No", contestó Lutero, "no son iguales, no es posible que sean la misma cosa, porque lo que el Santo Padre impone, él mismo puede dispensar. Si el arrepentimiento de Cristo y la penitencia del Papa son lo mismo, entonces el Papa quita lo que Cristo impuso y así hace nulo el mandamiento de Dios".
Lutero no había mandado sus proposiciones a su príncipe, Federico, porque temía que alguien pensara que habían sido publicadas por orden de él, o por lograr su favor, o en contra del Obispo de Mentz. Dijo Lutero: "Entiendo que hay muchas personas que así sueñan, pero puedo ahora jurar con toda seguridad que las proposiciones fueron publicadas sin el conocimiento del Duque Federico".
Al recibir la contestación de Lutero, Tetzel y los Dominicanos contestaron con insolencia, declarando que el que atacaba las indulgencias ordenadas por el Papa atacaba al mismo Papa. El día 20 de Enero de 1518 en la universidad de Frankfort, Tetzel leyó sus proposiciones, que aún incluían esta declaración: "Que todo aquel que dice que el alma no escapa del purgatorio, luego, luego que suena el dinero en el fonfdo de la caja fuerte, está en un error".
Al principio parecía que la discusión era un simulacro, pues nadie se atrevía a atacar las proposiciones de Tetzel, pero por fin un joven de veinte años, Juan Knipstrow, indignado al ver la verdad pisoteada, levantó su voz y atacó a Tetzel, quien pronto abandonó la discusión. Wimpina, un profesor de la universidad, tomó su lugar, pero a pesar de una defensa más fuerte, el joven le apretó tanto, que el mismo Wimpina dio por concluída la discusión y premió a Tetzel como vencedor con el grado de doctor.
Tetzel luego construyó un patíbulo en una de las avenidas de Frankfort, encendió una hoguera, declaró que Lutero era un hereje que debía ser quemado vivo, y echando el sermón y las proposiciones de Lutero en la hoguera, las quemó.
Tetzel, después de su auto de fe, se apresuró a mandar sus proposiciones a Sajonia. Llegó, pues, un vendedor a Wittemberg con 800 copias. Los estudiantes le rodearon. "¿Cómo te atreves a traer tales cosas aquí?" exclamaron. Por la fuerza se las quitaron y luego colocaron un aviso convidando a los que quisieran presenciar la quemazón y entierro de las proposiciones de Tetzel, a acudir a cierto sitio. Las multitudes acudiern y pronto por toda Alemania se hablaba de este hecho que fue enteramente sin el consentimiento de las autoridades de la universidad. Lutero lamentó grandemente la indiscrección de los jóvenes y escribió a un amigo: "Estoy sorprendido que hayas creído que yo haya permitido que fuesen quemadas las tesis de Tetzel. ¿Piensas que estoy loco? Qué sucederá de esto, no lo sé, pero sé que acrecentará grandemente el peligro que me amenaza".
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