Martín Lutero.

El Fraile que conmovió el Mundo.


   Capítulo VII. Roma declara hereje a Lutero.

   Al llegar la noticia de estas contiendas a Roma, el Papa (quien antes decía que un borracho alemán había escrito estas tesis y que cuando los vapores se le fueran hablaría de una manera distinta), entregó las tesis al censor Prierio, quien publicó un escrito dedicado a León X. En este documento Prierio estableció que la única autoridad infalible para los cristianos es la iglesia (pues la letra de las Sagradas Escrituras es muerta), y la iglesia, es decir, los sacerdotes, tienen el espíritu de interpretación, y que las mismas Sagradas Escrituras derivan su fuerza y autoridad de la iglesia.

   Lutero replicó que "la palabra de Dios, la entera palabra de Dios, y nada, sino la palabra de Dios, es la única autoridad". Contestó Prierio una y dos veces, hasta que el mismo Papa tuvo que imponerle silencio. En mayo de 1518, resolvió Lutero escribir unas explicaciones de su tesis sobre las indulgencias para que fuesen entendidas mejor. Con una mano las entregó al público, con la otra las despositó ante el trono del Papa. Acompañó el escrito para el Papa, con una carta llena de protestas de respeto para el poder de las llaves y de sumisión a la Santa Sede.

   Las proposiciones y los escritos de Lutero habían encendido en muchos pechos, un deseo vehemente de conseguir la seguridad del perdón y de la vida eterna.

   Desde los tiempos primitivos, jamás se había visto semejante hambre y sed de justicia. Si la elocuencia de Pedro el Ermitaño y de San Bernardo, inspiró a las multitudes de la edad media a cargar una cruz perecedera, la de Lutero hizo que los de su época, alzaran la verdadera cruz, es decir, la verdad que salva.

   León X autorizó una comisión eclesiástica en Roma para juzgar a Lutero, y le citó en persona dentro de sesenta días. La fecha de esa cita era el 7 de Octubre de 1518. La cita despertó alarma general en Alemania. Era cierto, si Lutero iba a Roma, sería víctima de sus enemigos. Muchos intercedieron con el Papa en su favor testificando la excelencia de su carácter, pero el día 23, del mismo mes, dieciséis días después de ser eniviada la cita, Lutero fue declarado hereje. Con razón Lutero exclamó: "¿Es esta manera y costumbre de la corte romana, que en el mismo día, cita, amonesta, acusa, juzga, condena y declara culpable a un hombre que se ecuentra lejos de Roma y que no sabe nada de lo que se trata?" A la misma vez, Roma se dirigió al emperador y a los prícipes, queriendo que se levantaran contra el humilde fraile de Erfurth.


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