Martín Lutero.

El Fraile que conmovió el Mundo.


   Capítulo IX. La hora cero de la Reforma.

   Con todo, Lutero comprendió que las censuras de Roma harían necesaria su separación de Wittemberg y por lo tanto hizo sus preparativos. Llegó por fin el día cuando el Elector le informó que quería que Lutero saliera. Martín reunió a sus amigos en una comida de despedida, en medio de la cual se le entregó otra carta del prícipe preguntando: "¿Por qué no ha partido?" Entre lágrimas se abrazaron los amigos, preguntándose: "¿Qué será de él? ¿Qué será de la obra en Wittemberg?" Llegó otra carta y decía que el nuevo Nuncio Papal creía que todo podría arreglarse con otra conferencia. "Por lo tanto", decía la carta que: "Lutero podría quedarse en Wittemberg por ese tiempo".

   Este momento era la hora cero para Lutero y la Reforma. Parecía que su suerte estaba resuelta; pero ¡oh mano poderosa del Señor! en un momento todo cambió.

   Al fin de 1518 hubo otro cambio de política de parte de Roma y León X resolvió tratar a Lutero con dulzura y simulada benignidad. Envió a un nuevo Nuncio, Carlos de Miltitz, so pretexto de entregar la Rosa de Oro al Elector Federico. Cuando llegó a Alemania, descubrió con gran sorpresa que tres personas de cada cuatro eran favorables a la Reforma. La venida de Miltitz perturbó grandemente a la corte del Elector y decían a Lutero: "Ha venido para arrestarlo y entregarle al Papa". Contestó Lutero: "Espero la voluntad de Dios".

   El día 12 de Enero de 1519, falleció Maximiliano el emperador de Alemania y este acontecimiento cambió la faz del mundo. Federico el Elector de Sajonia, se hizo el administrador del imperio, y ya no temió a los enviados del Papa. Además, éste resolvió dejar en paz el asunto de un fraile para cuidar sus intereses temporales. Bajo la administración de Federico, como Regente del Imperio, y debido a la protección que proporcionaba a los protagonistas nuevos, el Evangelio se esparció por todas partes y el papado sufrió inmensamente como consecuencia.

   Un poco antes de la muerte de Maximiliano, tuvo el Nuncio Miltitz una entrevista con Lutero. Le dijo: "Si tuviera yo un ejército de 25.000 hombres creo no poder llevarle a Roma", y en seguida propuso que Lutero sanara la herida hecha por él a la iglesia. Lutero contestó exponiendo las justas quejas del pueblo por motivo de las indulgencias, pero ofreció callarse si sus adversarios también se callasen. "Haré más", agregó, "escribiré a su Santidad reconociendo que he sido un poco violento. También aconsejaré a los que leen mis escritos que no vean en ellos ningún ataque contra la iglesia romana y que reconozcan su autoridad. Sí, haré todo y sufriré todo, menos retractarme". Al despedirse, el Nuncio dio un abrazo a Lutero y le besó.

   Creyendo Miltitz que podría ganar a los luteranos, aceptó su invitación a comer y en la mesa pronto se emborrachó. Bajo la influencia del vino, relató muchos de los desórdenes del papado. Los que escucharon, tomaron notas de lo que él dijo, y más tarde, en la dieta de Worms en 1521, estos apuntes fueron presentados como acusaciones públicas contra Roma, a los oídos de toda Alemania.

   Escribió Lutero a instancias de Miltitz una carta al Papa con fecha 3 de Marzo. Empezó diciendo, "que jamás había deseado, y nunca desearía menguar el poder de la iglesia romana o de su Santidad; confesaba que nada en el cielo o en la tierra debía ser preferido a la iglesia sino solamente Jesucristo, el Señor de todos". No fue Lutero quien se apartó de Roma, fue Roma la que se separó de Lutero.

   Con todo, no quedaron enteramente satisfechos los dos Nuncios, Miltitz y De Vio. deseosos de hacer salir a Lutero de la protección de Federico, hicieron que el Elector-arzobispo de Treves convidara a Lutero a su ciudad, pero Lutero contestó que no podía ir sin un salvoconducto. Por fin el Elector de Treves aplazó la conferencia hasta la dieta de Worms, verificada dos años más tarde.


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